sábado, 13 de diciembre de 2008

"Mi confrontación con la docencia"


Por Andrea Ramírez Hernández

Desde pequeña pensaba que en algún momento de mi vida me dedicaría a la docencia.... ¡pero no pensé que fuera tan pronto!.
Mi profesión de origen es Licenciada en Biología Experimental, egresada de la UAM-iztapalapa en el Distrito federal. Me inicie como maestra hace cuatro años (2005), tenía seis meses que había egresado de la universidad y fui a dejar mi curricular a la dirección del plantel Cetís 29. Estaba por irme a estudiar una maestría a Querétaro, ya que había sido aceptada con beca y quería que existiera un registro en el Cetís 29 para que en años futuros (10 años o más) pudiera dar clases.
Ya tenía mis planes, y por supuesto mis maletas, y entonces recibí una llamada que cambio mi vida. Me invitaron a formar parte del equipo de trabajo del Cetis 29. Tenía que decidir entre seguir estudiando (maestría) o ser productiva (trabajar), ambas cosas formaban parte de lo que deseaba, un día me decidía por irme y otro por quedarme. La indecisión y el sueldo que me ofrecían no me agradaban del todo.
Me decidí por quedarme y lo principal elegí ser maestra. Desde el momento que estuve en la sala de maestros sentí que pertenecía ahí.
El primer día que me pare frente a un grupo me temblaba todo y traté a los alumnos como los maestros me trataban a mí. A veces me funcionaba y otras no, en ocasiones me desmotivaba porque creía que no era buena maestra, otras más me sentía satisfecha con mi desempeño. Al finalizar el semestre, el plantel hizo que los alumnos me evaluaron y al darme mi calificación obtuve buena calificación, comprendí que lo había hecho, pero que tenía que hacerlo mejor.
Recuerdo a un alumno que en la tercera semana, dando clase al grupo, dijo: Maestra no puede cambiar su forma de dar clases porque es muy aburrido. Me sentí pésimo pero no lo demostré y el grupo se le echo encima, me apoyaron. Sin embargo, mas tarde pensé en lo ocurrido, y me di cuenta que tenía un reto ¿qué hacer ante eso?, lo comente con mis compañeros y me dieron algunas alternativas, inicie con ponerle más atención, dejarle actividades de supervisión, etc. Modificó su actitud y al final su perspectiva con respecto a mí.
El ser maestra no ha sido fácil, ya que pienso que es una profesión que en la actualidad no está dignificada ante lo social y lo económico. Las condiciones en las que trabajamos no son las adecuadas, las instalaciones no abastecen con los materiales, recursos y tecnologías necesarias que apoyen, refuercen o generen los conocimientos, y qué decir de las jornadas de trabajo y los salarios tan bajos. Sin embargo, en lugar de ser motivos de insatisfacción, que en ocasiones si lo son, y con ello desmotivar nuestra tarea docente, nos vuelve creativos para resolver las adversidades.
Decidí ser maestra a nivel medio superior por que se trabaja con adolecentes que están en su búsqueda o crecimiento de su identidad profesional y personal, y los maestros de este nivel podemos ayudar o contribuir a que ellos la encuentren.
Las satisfacciones que he recibido son muchas, que van desde las acciones académicas de parte de mis alumnos al aplicar lo que han aprendido, al reconocer sus avances, al modificar sus actitudes con su autorización; hasta personales, al momento de que acuden a mí para saludarme, decirme lo que representó trabajar conmigo, es decir dejar marca en alguien.
Hoy me doy cuenta que tome la mejor decisión, ya que estoy cumpliendo con ambas cosas, solo cambie el orden.

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